"Un abrazo. Cuídate" son las tres palabras que uso frecuentemente para despedirme de mis amigas. Les recuerdo que se "cuiden" y me lo recuerdo a mí misma. No es sencillo para mí darme cuenta cuenta de que la primera persona a la que debo cuidar es a mí misma. La sociedad, la religión, la familia y las mismas mujeres constantemente me recuerdan que existo para los demás y no por y para mí.
Estar en segundo, tercer, cuarto lugar es lo normal; servir más allá de mis posibilidades es lo normal; sacrificarme es lo normal; sentirme incómoda al reconocerme es lo normal y un gran etcétera de comportamientos que considero normales pero que finalmente me desgastan y no me permiten estar bien ni conmigo misma ni con los demás, lo cual no es natural.
Y esta despersonalización aceptada por todos no es solo mía, es también la realidad de muchas mujeres. Está tan arraigada como una segunda piel que solo cuando empezamos a sufrir una enfermedad, tenemos una crisis nerviosa o cualquier comportamiento insano nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo y de que somos las responsables de cuidarnos, de recordarnoslo, de apoyarnos y de estar presentes.
Ese es el objetivo principal de este blog, que las mujeres nos recordemos que solo cuidándonos podemos estar bien.
Os invito, amigas, a apoyarnos, a recordarnos cómo nos cuidamos, cómo nos escuchamos, cómo aprendemos y cómo podemos compartir nuestra experiencia para dejar de sentirnos enajenadas y no saberlo.
Un abrazo. Cuídate.